Daniel es arquitecto y construye lugares para otros. Daniel es gay y trata de construir un lugar para él mismo. Todo un tema para un integrante de la comunidad judía, algunos de cuyos integrantes, no obstante las persecuciones raciales que han sufrido a lo largo de la historia, acorralan y excluyen a los que ellos consideran diferentes por razones sexuales. Daniel es “otro” en un grupo de “otros” y no lo esconde: lo dice delante de una cámara.
El tema, que toma más actualidad en estos días, es motivo de atención para Maximiliano Pelosi, director del documental Otro entre otros , que Primer Plano estrenará el jueves y que registra las historias que tienen que ver con la forma que tiene de incluir o excluir la homosexualidad el mundo de hoy, en la sociedad en que nos toca vivir.
Daniel, como Gustavo y Diego, también entrevistados por Pelosi; son homosexuales integrantes de la comunidad judía local, enfrentados a esta experiencia dolorosa de exclusión entre los propios.
“Nací en una familia católica, apostólica, romana. Fui bautizado, tomé la comunión e hice mi confirmación. Mis padres esperan todavía que pase por un altar para desposar a una joven virgen con la cual formar una nueva familia cristiana. Pero un par de sucesos en el camino hicieron que las cosas no tuvieran un transcurrir tan feliz para mis padres”, confesó Pelosi, que estudió cine en Buenos Aires y en París.
“Todos los días, cuando abro los ojos en la cama -relató-, junto a mí hay otro hombre. Un día, comprando carne kosher en una carnicería del Once, me crucé con mi suegra, una mujer de unos setenta años aproximadamente; compartimos una conversación acerca de los precios y los cortes. Era raro: yo sabía quién era ella; dónde había nacido; quiénes eran sus padres, sus hijos; cómo se llamaban sus amigas; a qué templo iba; elegí la blusa que llevaba puesta junto a mi pareja para regalársela en su cumpleaños y ella no sabía quién era yo. Me pareció injusto, no para mí, sino para ella. Se estaba perdiendo la vida de su hijo, quien en silencio se iba alejando cada vez más de su familia y su comunidad. Por eso decidí que tenía que contar lo que pasa dentro de la comunidad judía. Por ella, por sus hijos y por todos los padres y los hijos que se desvinculan sean o no judíos. No podía mostrar la vida de mi pareja sin ponerla en riesgo. Y lo que hago es por amor a ella. Así que empecé a buscar historias parecidas a las de él. Mi «suegra» se lo merece”, afirma.
nota redactada por Claudio D. Minghetti de lanacion.com
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Esta obra de Maximiliano Pelosi describe con sencillez, sensibilidad y honestidad brutal las historias de vida de cuatro jóvenes judíos que han sufrido desde niños una fuerte y constante discriminación no sólo dentro de su comunidad sino incluso también en el seno de sus propias familias por su condición homosexual.
Cansados de la segregación, estos cuatro hombres decidieron dar la cara (no así varios otras personas que en las fotos aparecen con sus rostros borroneados para que sus identidades no sean reveladas) para exponer con valentía su intimidad, las tragedias que los rodearon (muertes por HIV, suicidios, depresiones, exilios), pero también sus historias de amor, sus luchas, sus logros y sus sueños.
Otro entre otros sostiene que entre el 6 y el 8 por ciento de los judíos argentinos son homosexuales (no menos de 15.000) por lo que el tema “afecta” a más de 60.000 personas. El asunto -como bien admiten tanto los protagonistas como un rabino progresista que trabajó para incluir en las distintas actividades a los integrantes de la organización JAG (Judíos Argentinos Gays)- sigue siendo un tabú para la inmensa mayoría de la comunidad, que suele relativizar o directamente negar -muchas veces con actitudes represivas- la homosexualidad. Se da, así, la paradójica situación de una comunidad que, en varios aspectos, es discriminada puertas afuera y resulta discriminadora en su interior. “Toda la pluralidad y la diversidad que tenemos para otros temas no las aplicamos con los gays”, asegura el rabino.
En este sentido, son valiosos no sólo los dichos de Gustavo (el caso más fuerte y conmovedor de todos), Daniel, Dan y Diego sino también los de sus familiares y amigos, que exponen casi sin proponérselo los prejuicios más arcaicos y asentados respecto de todo aquello que es “distinto” y que no alcanzan a comprender.
La puesta en escena de Pelosi es bastante convencional (mucho testimonio a cámara) y con algunos hallazgos (la inclusión de fotos y videos caseros). De todas maneras, lo esencial aquí es la potencia y la profundidad de las historias personales, que nos permite conocer cómo vive la minoría de la minoría y, así, encontrar un poco de luz en medio de la oscuridad de la intolerancia y la discriminación.
crítica de Diego Batlle de lanacion.com.ar












